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Hipermegaultra

Encontré este poema de Claudio Molineri Dassatti en el ejemplar de la revista Boronía titulado Poemas a 45 r.p.m. Mi historia con Dassatti se basa en el azar y en la combinación infinita de posibilidades. Hace dos o tres años, me topé con un panfleto en el Campus de Rabanales cuyo título rezaba Manifiesto Ignicionista. Lo arranqué de la pared y me lo llevé a clase de árabe, pero mi despiste hizo que me lo dejara olvidado allí mismo. Mi suerte fue encontrarme fortuitamente otro de estos manifiestos en otro rincón de la Universidad días después.

No volví a tener encuentro con Dassatti. Hasta hace dos días cuando, ojeando el número citado de Boronía, un poema me llamó especialmente la atención. Ciertamente me recordó a situaciones vividas en Sevilla con mi querida amiga y compañera de piso y vida Sara, a quien dedico el siguiente poema (y no esta parrafada que ilustra lo mal que se me da dar explicaciones):

 Mi compañera de piso 
es fotógrafa, deejay, 
diseñadora.

Le gustan los chicos, 
pero también le van las 
 chicas. A mí me pasa 
algo parecido. 

 Ahora nos decepciona 
el doble de gente


Claudio Molineri Dassatti

Gente en la playa

A pesar de que este blog parece un desierto, tal y como diría Cortázar, tengo la certeza de que alguien anda por ahí. Escribir perpetuamente uno solo en un blog es infinitamente triste, por tanto si diera señales de vida algún extraviado que acabó aquí, mi interior lo agradecería, porque no puedo dejar de tener la sensación de que estoy tirando mensajes en una botella a un mar muerto.

A principios de junio tuve la suerte de ver en Sevilla al poeta Joan Margarit, que presentó su nuevo poemario Se pierde la señal. Desde entonces, había querido subir un post con este poema, con él terminó de presentar este nuevo libro. Para mí escuchar recitarlo fue una maravilla.


La mujer ha aparcado en una calle 
junto a la arena.
Baja del coche y, sin prisa,
saca y despliega la silla de ruedas.
Después, coge al muchacho,
lo sienta y le coloca bien las piernas.
Se aparta unos cabellos de la cara
y, mientras observa cómo ondea su falda,
va empujando la silla de ruedas 
hacia el mar.
Entra en la playa por el pasadizo
de tablas de madera que, de pronto,
a unos metros del agua, se detiene.
Muy cerca, el socorrista mira al mar.
La mujer alza al chico:
lo coge por los brazos
y, de espaldas al agua, va arrastrándolo
mientras los pies inertes del muchacho
dejan dos surcos tristes en la arena.
Lo ha llevado muy cerca de las olas
y lo deja en la arena para volver atrás
a recoger el parasol y la silla de ruedas.

Estos últimos metros. Siempre faltan
los malditos, terribles metros últimos.
Estos te romperán el corazón.

No hay amor en la arena. Ni en el sol.
ni tampoco en las tablas, ni en los ojos
del socorrista, ni en el mar.
Estos últimos metros son el amor.
Su soledad.


Joan Margarit

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Nota sobre William Blake

El cuerpo eterno del hombre es la imaginación, osea, Dios mismo.

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Oscura y precaria,
la noche me envuelve.
Las estrellas verticales clavan
un nicho eterno en nuestros corazones.
¿Acaso no soy el polvo de un gigante lejano
la piel de un astro que se extingue?
Somos más que otros:
el cielo del que nacemos
y del que nos sentimos desgarrados,
una constelación rota
un satélite
sin planeta a quien pisarle la sombra

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This Bread I Break


This bread I break was once the oat,
This wine upon a foreign tree
Plunged in its fruit;
Man in the day or wine at night
Laid the crops low, broke the grape's joy.

Once in this time wine the summer blood
Knocked in the flesh that decked the vine,
Once in this bread
The oat was merry in the wind;
Man broke the sun, pulled the wind down.

This flesh you break, this blood you let
Make desolation in the vein,
Were oat and grape
Born of the sensual root and sap;
My wine you drink, my bread you snap.
 

Este pan que yo parto fue alguna vez avena,
este vino en un árbol extranjero
se zambulló en su fruta;
durante el día el hombre y por la noche el viento
segaron las cosechas, rompieron el gozo de la uva.

Alguna vez, en este vino, la sangre del verano
golpeteaba en la carne que vestía la viña,
un día en este pan
la avena al viento era alegría,
el hombre rompió el sol, abatió el viento.

Esta carne que partes, esta sangre a la que dejas
sembrar desolación entre las venas
fueron avena y uva
nacieron de la raíz sensual y de la savia;
mi vino que te bebes, el pan que me arrebatas.

Dylan Thomas

Traducción de Elizabeth Azcona Cranwell

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Como dulce manzana que enrojece, en la rama más alta,
en la parte más alta de la rama: van los cosechadores
y la olvidan. ¿La olvidan? Es demasiado alta para ellos.

Safo


Eduardo Schiaffino, Reposo

Naturaleza muerta: el melocotón

No soy más que un cuerpo desprotegido
que finge ser hermético
ante la muerte recién nacida
del desamor.

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Echo de menos a alguien que no existe



Viniera yo como el silencio cauto
(No sé quién era aquel que lo decía)
Bajo luna de nácares o fuego
bajo la inmensa llama o en el fondo del frío
en ese ojo profundo que vigila
para evitar los labios cuando queman.
Quiero acertar quiero decir que siempre
que sobre el monte en cruz vendo la vida
vendo ese azar que suple las miradas
ignorando que el rosa ha muerto siempre.


(Le estaré eternamente agradecida a Vicente Aleixandre por haber escrito este poema, porque me hizo sentir extrañamente viva cuando lo descubrí. La fotografía llegó de manos de mi buena amiga Sara).

El rojo ausente

Que emigre

dolor blanco
mudo,
recio.


¿Acaso soy yo
castaño, marrón
canto sordo
de la tierra?
¿Acaso el ocre del muslo?
¿Soy yo una fruta sin jugo
una criatura sin sangre,
un árbol sin fruto?

Dolor blanco
mudo,
recio.

Dolor frío,
de célula pálida,
de nieve.
Áspero,
silencioso dolor de leche,
que tan árido vuelca
amarillo, árido,
yermo,
seco,
enfermo
en mi vientre.


Que emigre.

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A el vacío

No puedo ofrecerte nada
Ni mi mano, ni mi rabia, ni mi beso.
Porque las cuencas de tus ojos son el cráter de una bomba
y tu cuerpo encierra la jaula inhóspita del destierro.
A ti, fiera huérfana de jungla, lo siento,
no puedo ofrecerte nada.

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Toda piedra es piedra

Toda piedra es piedra,
embadurnada de azúcar
o a bocajarro arrojada,
sea guijarro en la playa
o como el hierro de dura.
Toda piedra es piedra,
sea diamante en bruto ensangrentado
o canto rodado,
errante de carretera.
Toda piedra es piedra
sea disfraz de ejército en democracia
o bala insensible de escopeta.
Toda piedra es piedra
sea ciudadano contra parlamentario
o porra de policía contra el pueblo.
Toda piedra es piedra,
Sea pedrusco agigantado
O diminuto grano de arena.

Pero dicen que ellos son piedra blanda
Que mantenga el corazón de roca
Y estreche dócil mi mano
A esta ley de selva.

Yo creo que
toda piedra es piedra
sin embargo,
y que su verdad,
negra o blanca
igual me golpea.
Porque la piedra es piedra
y el hematoma que deja
Es de un morado inhumano.
Porque toda es piedra es piedra,
Rechaza tú su daño animal,
Bestia de alma hueca.

Y si no,
si estás libre de pecado,


¡TIRA TÚ LA ENÉSIMA PIEDRA!


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28 de mayo de 2011

Ayer. Apenas he podido dormir, de ayer. Ayer, esa es la enfermedad de hoy. Hoy me levanto a las diez y media, me trago el yogur de melocotón. Aparte me duele la tripa, estoy rebosante de trabajo rebosado y ayer me duele mucho. Más que la tripa, mucho más si me apuras. No sé qué está sucediendo. Seré yo. Será todo el resto. Será un pedazo de ambas circunstancias. Pero la situación parece estar deshilachada. Yo lo parezco también. Me dolía tremendamente Barcelona. También Lleida. Me dolía con rabia asimétrica, como a cualquier perro loco. Ayer me dolía toda persona en manos de policía fascista. “FASCISTA. FASCISTA. Mariajo, somos unos fascistas por no querer entrar ahí, ¿verdad? “(carcarjada sarcástica, entendí). "Mariajo, tú que eres tan antifascista, haz una asamblea en señal de protesta porque no queremos entrar. Sí, sí Mariajo, ¿no eres tú tan antifascista?" (carcajada punzante ataca de nuevo). "Tía, entiéndeme, que hoy hay gente nueva que viene de otros sitios, no me pidas que entre ahí, que no quiero quedar mal delante de nadie". (me retumba dentro lo de quedar mal, quedar mal, quedar mal, quedar mal….)
“Eres demasiado susceptible. Siempre te pasa igual. No sé por qué te pones así con bromas". "Mariajo, ¿también vas a hacer una asamblea aquí? Joder tia, es que somos unos fascistas. Hay que ir en contra de los fascistas, Mariajo, tú que eres tan antitodo”. (más carcajadas).
Me duele salir de ese maldito lugar con los pies llenos de albero y los ojos colmados en lágrimas retenidas, y decirle a R. que es que se me ha metido un pizco en el ojo, que los tengo irritados del polvo que se ha levantado. No sé si la convencí, aunque fuera una metáfora real, mientras paso enfrente de las luces diluidas de la noria, sabiendo que yo nunca me volveré a subir allí arriba con nadie como hace cuatro años, y mi interior se pregunta en árabe ayna asdiqaai? Ayna asdiqaai?, como si del disco de Extremoduro se tratara.
Me duele el autobús a las seis y media de la mañana de vuelta. Me duelen los tíos snobs del barrio que hablan con desdén y prepotencia sobre los culos de las tías que se suben o se bajan en las paradas, y que lanzan miradas impregnadas en testosterona, como si todas fuéramos animales susceptibles de ser montadas. Me duelen de forma remanente las elecciones de mi país. Me duele esta democracia de veinte duros tan analfabetamente impotente. Me duele el amor de juguete roto que desprendo con el komboloi en las manos, y no poder controlar el chorro de nostalgia que me sale.
Me duele toda la injusticia social que envuelve el mundo, semejante a una bomba detonante envuelta en un papel de regalo con un lazo rojo de sangre. Me duele observar lo que hay alrededor y sentirme fuera de todo él, desglosada, a kilómetros de distancia con esa carga del sufrir, mientras mi alma de mamífero, que dicen viene de Andrómeda , abraza a Machado con silbo despierto:

Son tierras para el águila,
un trozo de planeta,
por donde cruza errante la sombre de Caín.

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Al mundo ígneo lo siento
legumbre rumiante
del corazón.
Y en mi agujereado nombre
come costumbre
la piel de asesinato.
Al mundo ígneo lo huelo
a atmósfera, a vapor,
lo siento
padre atrofiado donde
de la carne de la noche
el vacío se hace hombre.
Derrama, corre la sangre
por las arterias de dios.






Como el toro te sigo y te persigo,
y dejas mi deseo en una espada,
como el toro burlado, como el toro.


Miguel Hernández

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Huelga de cultivo por amor paria a la huerta

Casta tierra incauta,
castrando piernas Castúas,
o Castizas, Cordobesas:
¿dónde está el tubérculo de tu tripa?
Yo sólo hallo guita seca,
religión roñosa
bulbos de quejas
y raíces indolentes.
Casta tierra incauta,
enséñame el tubérculo de tu tripa,
que yo sola escarbando
sólo hallo
patria y jamás huerta,
una España hambrienta
de vida
y ahíta
de ceniza muerta.

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Espíritus colorados


Bienvenido a mi cuerpo.
De nuevo
mis ovarios te van abrazando
con anhelo brusco,
y tu dolor errante
segrega savia
suscita amapolas.
Hoy no hay adentro roedor de vida,
sólo mi rojo extraterrestre
en este cíclico planeta anquilosado
de terror engendra terror
de Hombre mata a Hombre.

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Autorragia

No quiero
Dolor sordo,
Ni su ahincar
En la llaga desnuda,
Abierta de ardores.
Es como si una cicatriz enferma
Se desabrochara
Y se destaponara una hecatombe roja,
Como si todos esos cuerpos tarados
Chillaran cariño
Abriendo venas de padre,
Y yo ya sólo sintiera
Un amor sanguíneo
Regando todos los caminos
Desolados
De mi vientre.

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Sin título

El frío que otorga al día consistencia.
La dureza impregnada en la fruta, las fresas.
El azúcar coagulado en la fisura del dedo, yema de deseo cruda.
El cuchillo, analfabeto emocional, tajante en la uña y su carne.
La hemorragia del jugo como ríos de sangre hasta los tuétanos.
El luto, un hematoma fósil, de linaje ateo.
La vida, flujo del útero salvaje derramándose
Como semilla que desemboca
En la desidia de la tumba.




Cuadro: Melancolía (Edvard Munch)

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Concepto (subjetivo) de abrazo

No raspa ni pincha
No punza ni araña.
Sólo roza, palpa la pulpa
Y a veces duele,
Porque súbitamente
Extirpa
El monstruo
De mi soledad.

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Maktub I: Lo barrido

Y yo seguiré aquí,
Con o sin esquina donde arrinconar
Toda la verdad sucia
Que nunca quiero mostrar
Más allá de tu trayecto.

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No acatarás

No volveré a comer tierra.
Ni a rebañar las migajas de las baldosas
No las arañaré con rabia contenida.

No volveré a tener las uñas viscosas
Ni me llenaré de polvo las rodillas.
No me agacharé, ni encorvaré mi espalda.

No besaré más el suelo que pisas.





(28 de diciembre: Mujeres Libres)

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