Con amor sordo
Quiere morirse sin hacer ruido
Yo te pensaba aquel instante
mientras tú penetrabas en un cuerpo extraño,
en un cuerpo que no era el mío.
Y ahora parece no existir cobijo posible
solo soledad sucia, desterrada de cualquier alma.
Mi cuerpo
es un río contaminado
porque yo te pensaba porción de mí misma
y ahora estás manchado de una desnudez
totalmente desconocida a mis ojos.
Ese cuerpo ajeno llegó hasta mí
contigo
como todo el peso del mundo
concentrado bajo la circunstancia
de mi corazón.
Yo te sonreía aquel instante
mientras tú penetrabas en otro cuerpo.
Yo te hablaba de mis huesos de verano
de mis piernas, de mis dedos, de mis labios
mientras tu placer le gritaba a otro cuerpo.
Pero ahora yo solo puedo
buscar las raíces de mi casa,
abrazarme
y unirme a ellas
al igual que tú aquella noche te abrazabas
a aquel espíritu impropio,
a aquel tercer cuerpo.
Se desmoronan mis dedos primitivos
sobre esta fotografía refleja y sólida.
Llevo las yemas pálidas que sobre ella se desplazan
hasta el roce del silencio
y voy callada a cuestas
con esta incomprensión
de sentirme lejos de esta casa
mientras las manos me tiemblan del seísmo
de abrazarla.
Agarrada a estos muros
colmados de sombras ajenas,
el espacio parece un desierto de circunstancias,
el vacío solitario de una puerta
tras la que no espera nadie.
La geografía
de estas paredes que habito
envuelve a la piel en una desnudez vulnerable
que me asusta de misma.
Yo tampoco espero que entiendan mi soledad
de pez en la tierra.
Aunque no divise a nadie al otro lado del cristal,
aún me siento adentro
las venas calientes
latiendo violentas.
¿Qué importa entonces este trance antiguo de infancia
y la tumba de su pensamiento alegre?
Al fin y al cabo,
uno nace cuando nace
(con la garganta hecha raíz
y el grito hecho carne)
y muere cuando
Muere.
Dentro de esta cáscara
sostengo todo el zumo del silencio
contra mi pecho estrujado
como migajas de un pan deshecho.
Te arrastro en cada vitamina de mi espíritu,
en cada gajo de mi mundo cítrico porque eres fruto
de cada saliva del beso
suspendido en este naranjo futuro.
Eres hijo del jugo que segrega mi árbol,
de la semilla del abrazo venidero
casi huérfano
que, sin embargo,
no te he dado
todavía.
Me extiendo
me extiendo
me extiendo.
Me unto y fundo por todas partes,
me ensancho en cualquier instante del suelo
y ruedo como un mundo pequeño sin dueño por el parque,
hasta llego a un árbol centenario
donde mi cuerpo se prolonga
verticalmente hasta el cielo y las nubes
como las torres de una urbe
aprisionada en cemento.
Me extiendo
me extiendo
me extiendo.
Me disperso en el sueño de que todo cambie
que mi barro toque hasta el latido del firmamento,
subir y alcanzar las montañas,
tocar con las yemas de los dedos el fondo del techo
y amar este crecimiento de los pies que avanzan
sin tregua al paso de desarrollarse.
Me expando por las calles y los barrios,
propagándome en las luces de la noche.
Me multiplico como una célula necesaria,
como glóbulo blanco o rojo en la sangre.
Me diluyo en las aguas del pensamiento
y llego a sentirme una extraña
esparcida en la vida de mi propio viaje.
Como el polen de la flor al viento
Me desperdigo
me desparramo
me disgrego
me desordeno
me abrazo
me pierdo
me odio
me encuentro
me quiero
me encojo
me agacho
me alargo
me aumento
me agrando
me voy
me vengo
y simplemente
Me extiendo
me extiendo,
me extiendo.
Fotografía: Yayoi Kusama
Son
extrañamente hermosos todavía,
estos labios de hace ahora tres años
y me parece inédito
el gesto de tu beso,
este llegar aquí cada vez más tranquilo,
con la serenidad
del que tiene por cómplice la vida
y su rutina.
Hoy sabemos que entonces,
cuando tus veinte años y mi primer abrazo,
empezamos por ser
sobre todo indecisos: la tímida torpeza
de la primera noche
y la dificultad
con que dejar las manos
en el hábito infiel de nuestros vicios.
Ahora
extrañamente hermoso estar aquí,
demasiado a menudo y decididos,
incómodo
de no sentir el peso de los años
aprendiendo contigo la premeditación
y escribiendo en mi piel tu alevosía.
Porque suele haber bancos donde se espera siempre,
aceras que prefieres por costumbre
o líneas de autobús al mediodía.
Y sin embargo tú
reapareces inédito en tu gesto
para decirme hoy
que le conteste al tiempo y sus preguntas
el práctico saber que tienes de mi cuerpo.
Canción de aniversario (Luis García Montero)
Fotografía de Joel Sternfeld
Esta falta en mi autarquía.
Este vacío en mi presencia.
Esta insatisfacción que me masturba.
Este río sin lágrimas.
Esta sangre sin fuerza.
Me arrastro deseando mi rojo,
mi quinta esencia materna.
Porque no hay mujer sin óvulo que salpique,
porque todas las amapolas crecen
con esta mancha presa de vida
que riega los campos recién nacidos
de sol a sol
de árbol a hierba
de odio a amor,
de pierna a pierna.
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