Estoy agobiada
No por los exámenes,
Ni por las cicatrices,
pero me siento agobiada.

He loved her and she loved him.
His kisses sucked out her whole past and future or tried to
He had no other appetite
She bit him she gnawed him she sucked
She wanted him complete inside her
Safe and sure forever and ever
Their little cries fluttered into the curtains
Her eyes wanted nothing to get away
Her looks nailed down his hands his wrists his elbows
He gripped her hard so that life
Should not drag her from that moment
He wanted all future to cease
He wanted to topple with his arms round her
Off that moment's brink and into nothing
Or everlasting or whatever there was
Her embrace was an immense press
To print him into her bones
His smiles were the garrets of a fairy palace
Where the real world would never come
Her smiles were spider bites
So he would lie still till she felt hungry
His words were occupying armies
Her laughs were an assassin's attempts
His looks were bullets daggers of revenge
His glances were ghosts in the corner with horrible secrets
His whispers were whips and jackboots
Her kisses were lawyers steadily writing
His caresses were the last hooks of a castaway
Her love-tricks were the grinding of locks
And their deep cries crawled over the floors
Like an animal dragging a great trap
His promises were the surgeon's gag
Her promises took the top off his skull
She would get a brooch made of it
His vows pulled out all her sinews
He showed her how to make a love-knot
Her vows put his eyes in formalin
At the back of her secret drawer
Their screams stuck in the wall
Their heads fell apart into sleep like the two halves
Of a lopped melon, but love is hard to stop
In their entwined sleep they exchanged arms and legs
In their dreams their brains took each other hostage
In the morning they wore each other's face
Ted Hughes. Cuadro: Unidad, de Eduardo Kingman
A veces pienso que si Dios jugara limpio, también me habría dado el argumento que debía usar contra él. Pero no. No puede ser. No quiero un Dios que me mantenga, que no se decida a confiarme la llave para volver, tarde o temprano, a mi conciencia; no quiero un Dios que me brinde todo hecho, como podría hacer uno de esos prósperos padres de la Rambla podridos en plata, con su hijito pituco e inservible. Eso sí que no. Ahora las relaciones entre Dios y yo se han enfriado. Él sabe que no soy capaz de convencerlo. Yo sé que él es una lejana soledad, a la que no tuve ni tendré nunca acceso. Así estamos, cada uno en su orilla, sin odiarnos, sin amarnos, ajenos.
(Mario Benedetti)
No volveré a comer tierra.
Ni a rebañar las migajas de las baldosas
No las arañaré con rabia contenida.
No volveré a tener las uñas viscosas
Ni me llenaré de polvo las rodillas.
No me agacharé, ni encorvaré mi espalda.
No besaré más el suelo que pisas.
(28 de diciembre: Mujeres Libres)
Me escuece el alma
De tanto mirar la vida,
El mundo,
Día a día,
Poco a poco,
Lapidarse.
Ayer incendié mi raza.
Y envasé al vacío tu mano,
Tu acento árido,
En cuclillas.
La ira
Escupía tu recuerdo
Hecho desprecio
Abrasado
Sin escollos
Con cerillas
En los brazos.
Y ahora,
Después de eso,
Tumbada sobre restos de
Radiografías
Incineradas,
Desnudo a una naranja
Vulgar,
Y sin gracia
Porque está dulce.
Yo la quiero amarga,
Casi tan ácida
Como lo era el olor
De tu sangre
Ardiendo
Por la mañana.
Tu palabra,
Arrancada de la boca
Casi a bocajarro.
Escarba el aire
El pulmón deshilacha.
Y mi carne aborigen,
La palpita
De estirpe
Y de trago cobarde.
Tu palabra es,
Sin astillas,
El Corazón:
Tierra virgen.
Este es el primero de una serie de viajes que realizo por Europa. El cuerpo me lo lleva gritando desde hace tiempo, lo toco y lo siento infectado de algo que no sé qué es. Se extiende la sensación patógena (más a lo largo que a lo ancho), y lo manifiesta a todas horas del día: cambiando el color del pelo, llegando a ponerme aquellas mayas de cuero tan antiguas y que tan ceñidas se ajustan a mis piernas, y comiendo naranjas como si la vida me fuera en ello. Pero lo que más me extraña de todo, es el estarme volviendo TERRIBLEMENTE PROSAICA. Mi cerebro se plantea a dónde va a ir a parar este conjunto vertebrado de desorden óseo y muscular.
Voy escapando de todas mis malas costumbres y las reemplazo por otras, viajando sola, visitando a mi gente perdida por Europa y perdiéndome por la ciudad con mi mapa. No me preocupa absolutamente nada más. Estoy aquí y allá precisamente para eso:
Para masticarme y pensarme un poco más.
Y cuando vuelva, quién sabe cómo me sabrán las cosas.
(Lo que me llevo conmigo: una mochila, Barbara Kruger inyectada en las venas, Wim Mertens, y sobre todo esta canción. Me transporta a otra dimensión, casi como irse a otro país)

Te recorrí
Cada fibra de voz,
Abrazada a las venas de mi casa.
Te regué filamentos del corazón
Perforando la espalda
De tu imagen desplazada.
Prendí fuego
Al amor invertebrado
Con mi rabia en carne viva.
Derrapé en la cuneta
Enraizada en la campiña.
Te bombeé de intento terrorista
El mordisco animal.
Rocié con gasolina
A los coches muertos.
Pero
A pesar de todo eso,
Soy incapaz de encajar
A mi esqueleto
Dentro de ti,
Asfalto óseo.
(Fotografía de Jenny Holzers)
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