Poseidón se despierta
No importan las puertas abiertas,
las ventanas sin persianas,
el rayo delgado que abra
los pechos de esta cárcel;
la luz que ilumine vientres oscuros
agotados de comercio,
si hay tumbado un cuerpo de nadie
mojado por otros sexos.
Es papel secante anegado
inundado en su carne;
un preso de hombres encerrado
en la soledad que penetra.
Éramos dioses y nos volvieron esclavos.
Éramos hijos del Sol y nos consolaron con medallas de lata.
Éramos poetas y nos pusieron a recitar oraciones pordioseras.
Éramos felices y nos civilizaron.
Quién refrescará la memoria de la tribu.
Quién revivirá nuestros dioses.
Que la salvaje esperanza sea siempre tuya,
querida alma inamansable.
Gonzalo Arango
Ya no soy una niña,
pero me siento más vulnerable
porque mi cuerpo, ya más grande
carga solo con la indefensión
del humano desnudo sobre la tierra.
Trota con esa sangre caliente
que golpea los tejidos
viviendo atrapada en nosotros mismos
solitarios, sin padres,
sin vientres que nos envuelvan y protejan
de daños pesados como piedras,
sin nadie que nos salve.
De las hecatombes en nuestros ojos,
de nuestras guerras internas.
Esas voces instintivas que suplican
que alguien más que las células
nos resguarde y nos intuya la vida verdadera;
una sombra deseada que se nos acumula
en forma de desidia oscura
y que al fin y al cabo, nos escuche.
Voy andando malherida
cansada de las banderas caídas
de países imaginarios;
del signo de la tierra que se resigna
a las sequías que aún no llegan
mientras me pesa adentro
el corazón
como un muerto suspirando.

La era de la luz, prólogo de Man Ray para su libro homónimo:
En esta época, comparable a cualquier otra, en la que los problemas de perpetuación de una raza o una clase y de destrucción de los enemigos, son el objeto que absorbe por completo las motivaciones de una sociedad civilizada; resulta inoportuno e insignificante crear obras inspiradas solamente en la emoción y el deseo del individuo. Parece que sólo merezcamos retomar ocupaciones idílicas tras solventar la mayoría de los problemas más trascendentales de la existencia. Por otro lado, sabemos que la incapacidad de una raza o de una clase para mejorar por sí misma es equivalente a su incapacidad para aprender de los errores de la historia. Todo progreso es fruto de un intenso deseo individual por mejorar el presente inmediato a partir de una toma de conciencia de la insuficiencia material. En este estado de exaltación, la acción material se impone por sí misma y adquiere la forma de la revolución, de uno u otro modo. Raza y clase, al igual que los estilos, se vuelven irrelevantes, mientras que la emoción humana individual se transforma en universal. Qué puede ser más conciliador entre los seres que el descubrimiento de un deseo común? y, qué puede ser más inspirador de acción que la confianza despertada por una expresión lírica de este deseo? Desde el primer gesto del niño al señalar un objeto y nombrarlo -- aunque con un modo de significado completo -- hasta la mente desarrollada que concibe una imagen cuya rareza y realidad nos conmueve hasta lo más profundo de nuestros inconsciente; el despertar del deseo es el primer paso hacia la participación y la experiencia.
Con este espíritu experiencial y no experimental se presentan las siguientes imágenes autobiográficas. Captadas en momentos de desapego visual, durante períodos de contacto emocional, estas imágenes son residuos oxidados fijados por la luz y por los elementos químicos de organismos viviente. Toda expresión plástica no es más que el residuo de una experiencia. El reconocimiento de una imagen que ha sobrevivido de manera trágica a una experiencia, recordando el acontecimiento de manera más o menos clara, como las cenizas intactas de un objeto consumido por las llamas; el reconocimiento de ese objeto tampoco representativo y tan frágil y su simple identificación por parte de un espectador que posea una experiencia personal similar, excluye toda posibilidad de codificación psicoanalítica o de asimilación a un sistema decorativo arbitrario.
Cuestiones como el mérito y la ejecución, son materias solo para aquellos que evitan alcanzar, inclusive, los límites de esas experiencias. Esto se debe o bien a que un pintor, para intensificar la idea que desea expresar, introduce trozos de cromo en su trabajo manual, o bien a que otro, utilizando directamente la luz y la química llega a deformar el tema hasta el punto de usurparle todo parecido con el original, creando una nueva forma. La consiguiente violación del medio empleado es la garantía más perfecta de las convicciones del autor. Un cierto desprecio por el material utilizado para expresar una idea es indispensable para su más pura realización. Cada uno de nosotros, en su timidez, no puede sobrepasar ciertos límites sin ofenderse. Es inevitable que aquel que, gracias a un severo esfuerzo haya conseguido por sí mismo ir más allá de este límite, despierte un resentimiento en aquellos que han aceptado convenciones que, una vez admitidas por todos, no requieren ninguna iniciativa en su aplicación. Y este resentimiento, por norma general, se materializa en una risa burlona insignificante, en una crítica o, incluso, en una persecución. En cualquier caso, esta aparente violación es preferible a los hábitos monstruosos tolerados por la etiqueta y el esteticismo.
Todo esfuerzo motivado por el deseo debe también apoyarse en una energía automática o inconsciente para ayudar a su realización. De esta energía, poseemos reservas ilimitadas; basta con querer examinar en nosotros mismo, eliminando todo sentimiento de vergüenza o de decoro.
Al igual que el científico que, como un simple prestidigitador, manipula los fabulosos fenómenos de la naturaleza y se beneficia de cada, por así llamarlo, peligro o ley; el creador, tratando con valores humanos, deja filtrar las fuerzas inconscientes matizadas por su propia personalidad , que no es más que el deseo universal del hombre, y saca a la luz intensiones e instintos reprimidos durante largo tiempo que deberían formar la base de una fraternidad de confianza.
La intensidad de este mensaje sólo puede inquietar en función al grado de libertad concertado al automatismo o al yo inconsciente. Toda sustitución de las formas adquiridas de presentación bajo una artificialidad y extrañeza aparentes, es una confirmación del libre funcionamiento de este automatismo y debe acogerse sin reserva.
Cada día nos hacen confidencias abiertamente y es tarea del ojo ejercitarse para verlas sin prejuicios ni limitaciones.
Man Ray, Paris 1934
Llévame por calles de hiel y amargura,
ponme ligauras y hasta escúpeme
échame en los ojos un puñao de arena,
mátame de pena
pero quiéreme.
sobrevivir.
(Del lat. supervivĕre).
1. intr. Dicho de una persona: Vivir después de la muerte de otra o después de un determinado suceso.
2. intr. Vivir con escasos medios o en condiciones adversas.
Yo más bien me refería a la primera acepción, aunque para mí el invierno sea en sí mismo una condición adversa. Escasea el calor y me vuelvo escueta, sedentaria y poco dinámica. A grandes rasgos: me solidifico. Entonces me sirven las dos acepciones por igual.
Hace unos días que descucbrí a los Tindersticks. Soy una mujer afortunada por eso y otras muchas cosas (a pesar de la manifestación de mi gran sentimiento antinvierno en su máximo apogeo). No todo es negro, alhandu lillah.
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